Meditación 6

Madre Clara María, modelo de patriotismo


Cuando se declaró a Madre Clara María como hija meritísima de El Salvador, la Honorable Asamblea Legislativa, la propuso como modelo de los valores espirituales, morales y cívicos propios de la mujer salvadoreña.

Hasta hoy, en nuestro país, hemos celebrado el patriotismo heroico de nuestros Próceres, pero gracias a las investigaciones de algunos de nuestros historiadores, entre ellos el Lic. Carlos Cañas Dinarte,  sabemos que también hubo mujeres que lucharon valerosamente por nuestra independencia y que también merecen el título de Próceres de nuestra Patria.

El heroísmo de muchas mujeres ha sido constatado en los anales de la historia.  Se cuenta que las madres espartanas cuando sus hijos iban a la guerra, realizaban una ceremonia muy importante para mover a sus hijos al heroísmo, entregándoles el escudo de guerra les decían:  Retorna con el o sobre el, es decir, vuelve victorioso o muerto, porque no quiero un hijo que no esté dispuesto a dar su vida por salvar a su patria.

 El patriotismo es el amor, el respeto y la búsqueda del bien de la tierra que nos vio nacer.  En este sentido el amor a la patria es uno de los sentimientos y virtudes más nobles de las personas humanas.

 El amor a la Iglesia, que es nuestra madre, el pueblo en el que hemos nacido para la vida eterna, también es un sentimiento que ennoblece y santifica al que lo vive.  La Reina Blanca de Castilla, madre de San Luis, Rey de Francia, solía decir a su hijo, para moverlo a vivir su fe de manera heroica: Prefiero verte muerto a que cometas un solo pecado mortal.

 Don Alberto Masferrer, en su obra, nos acerca a un concepto de patria y patriotismo, que creemos importante para comprender el patriotismo de Madre Clara María.   La palabra Patria, dirá el escritor salvadoreño,  significará en primer lugar y sobre todo, LA VIDA DE LOS SALVADOREÑOS QUE VIVEN ACTUALMENTE.  El escudo, la bandera, los próceres, los antepasados, las guerras con los vecinos, Atlacatl, la mitología india y todo lo demás que forman el ayer, pasará a segundo término, por muy interesante que parezca.

 El insigne historiador salvadoreño, Don Roberto Molina Morales, en su libro sobre tecleños ilustres, presenta a Madre Clara María, Fundadora del Hospicio de Belén, como matrona amante de la Patria hasta el punto que ofrece a Dios la vida de uno de sus hijos  con tal de salvar a la Patria que se haya en peligro por la invasión de las tropas guatemaltecas de Justo Rufino Barrios. 

 Justo Rufino Barrios no sólo fue derrotado en las afueras de la ciudad de Chalchuapa, cuando ya había tomado Santa Ana, sino que perdió la vida en la batalla.  Entonces, dirá, Don Roberto Molina, Dios aceptó el sacrificio de Doña Clara de Alvarado y se llevó a María Francisca Mercedes que murió de difteria en marzo de 1885.

 Nunca hemos dudado de la seriedad del Historiador salvadoreño, pero tras algunos años investigando sobre la vida de la Sierva de Dios, no hemos encontrado un solo punto de apoyo a la hipótesis de Don Roberto Molina.  Teológicamente es poco congruente con la imagen del Dios cristiano, recordemos la escena del sacrificio de Isaac, que acepte ofrendas en la que vaya de por medio la vida de una persona, en este caso de una niña de apenas 4 años de edad.  Tampoco es congruente la escena con una madre cristiana que como Doña Clara amó tanto a sus hijos.

 ¿Qué es lo que quiso decir entonces el Autor?  Pienso que lo que quiso destacar fue el intenso amor de Doña Clara de Alvarado a su Patria, El Salvador.

 Tres aspectos, a mí entender, resumirían el patriotismo de la Venerable Fundadora: su amor al trabajo,  su entrega a la educación de la mujer, especialmente de las que por su condición socio-cultural  estaban marginadas de ella y, por supuesto, la búsqueda del bien para todos los salvadoreños.

 En vida de Doña Clara del Carmen confluyen dos aspectos que son muy comunes en las mujeres salvadoreñas: el primero, que muchas de ellas son abandonadas por sus esposos; el segundo, que son jefes de familia que tienen que trabajar fuertemente para satisfacer las necesidades de su familia, en este aspecto, es que las mujeres salvadoreñas poseen una gran fuerza moral, temple de carácter, capacidad de sacrificio y de trabajo.

 Uno de los biógrafos de Madre Clara María, el Padre Alberto Barrios Moneo, ha puesto de manifiesto su talento administrativo y su creatividad laboral, de modo que la llama algo así como la primera candidata a la santidad que  ha ejercido la profesión de corredora de bienes raíces (real state);  fundada en esto la autora o el autor de un folletito que anda por ahí dice que “Para solventar sus carencias económicas abre una agencia de ‘Bienes y Raíces’, detalle el más original de su vida, por el que será –no lo dudamos- declarada en su día Patrona ante Dios de quienes se dedican a semejante servicio en la sociedad.”

 El talento administrativo consiste en con pocos medios satisfacer todas las necesidades que se tienen.  Abraham Lincoln, dijo que “nadie –ni una persona, ni una familia, ni una nación-  podía subsistir si gasta más de lo que gana”, [1] en el fondo de este hermoso y  veraz pensamiento subyace la idea burguesa del ahorro – centavo ahorrado es centavo ganado, decía Mr. Magoo-.  Basta ver los libros de cuentas que Doña Clara del Carmen llevó en la Guardia del Santísimo y en la Hermandad de la Virgen de Los Dolores o el libro de cuentas de las Hermanas Carmelitas de San José desde su fundación hasta el año 1928 para confirmar el talento de la Sierva de Dios en el uso del dinero, un talento que posiblemente haya heredado de la familia Quirós, que aun hoy conforman una de los “trust” económicos más importantes del país.

 Parece que se ha extrapolado un poco lo de la dedicación de Doña Clara a la venta de inmuebles por medio de un representante, el negocio de bienes raíces, tal como lo concebimos actualmente, no existía en su tiempo.  Existen en los periódicos de la época algunos anuncios al respecto, pero nada más.  Lo que consta de manera más clara es que con la herencia recibida de su abuelo paterno compró al menos cuatro casas en Santa Tecla que daba en alquiler y así contaba con unos ingresos fijos que le permitían cubrir las necesidades familiares y ayudar a la Iglesia y a los pobres que acudían a ella.  Por otra parte, yo, preferiría ver algún día a nuestra Madre Clarita como Patrona de las esposas y madres abandonadas, ¡Dios lo dirá!

 A todos dejaba admirados la capacidad de trabajo de Doña Clara del Carmen.  Tenía tiempo para Dios, tiempo para su familia, tiempos para sus negocios, tiempo para la Iglesia, tiempo para los pobres, tiempo para sí misma; claro, que esta mujer extraordinaria era de poco dormir, cuando ya era religiosa, mientras las demás hermanas descansaban, ella seguía hasta altas horas de la noche trabajando en los talleres, cortando queso con un serrucho, cosiendo y remendando la ropa de las niñas o simplemente leyendo.  Estando ya bastante enferma, sus religiosas le decían que descansara y ella respondía con mucha dulzura: Mi descanso será  allá arriba, en el cielo.

Una de las características de la personalidad de Madre Clara María es su gran sensibilidad hacia el sufrimiento del prójimo y su valoración cristiana de la dignidad de las personas.  Uno de los historiadores de El Salvador afirma que una de las consecuencias de la extinción de los ejidos dictada por el Gobierno del Dr. Zaldívar fue la desintegración de la familia salvadoreña en las clases humildes. En los inicios del siglo XX se dio, además, un desplazamiento de las zonas rurales a la ciudad y con ello la aparición de nuevas formas de explotación, entre ellas la explotación sexual de la mujer.  ¿Quiénes eran más vulnerables a este tipo de opresión? Evidentemente las niñas y jóvenes que se encontraban desprotegidas socialmente.

 Este fenómeno, las niñas y jóvenes en peligro de corrupción moral, preocupaba grandemente a Madre Clara María.  Su respuesta a este fenómeno se orienta preponderantemente en el sentido de evitar la corrupción que de regenerar a las ya caídas, para ello piensa que la forma de prevenir es la educación integral de la mujer, por ello su obra se orienta a enseñar a las jóvenes a leer y escribir, a prepararlas con un oficio y, por supuesto, en cultivar en ellas el respeto al santo nombre de Dios y la práctica de las virtudes cristianas.  Madre Clara infundía en aquellas jóvenes la idea de su dignidad como personas y como hijas de Dios.  Desde esta perspectiva es como podemos afirmar que Madre Clara María es  benemérita de la educación nacional.

 Un episodio curioso en la vida de Madre Clara se dio cuando se intentaba aprobar la Constitución liberal de 1886.  En sus disposiciones, el proyecto de Constitución, contemplaba el divorcio y la educación pública laica que iban en contra de la doctrina católica.  Todos sabemos que el siglo XIX en El Salvador, y en América Latina en general, fue de constante conflicto entre liberales y conservadores.

 En una de sus Poesías, Madre Clara, describe al pueblo salvadoreño alejado de Dios, impío, viviendo en contra de las leyes divinas.

 Sus hijos!, ¡Pobre Patria!,   ¡han delinquido!

¡Han negado su fe y su religión!

Y al vicio y al error se han convertido,

Del liberalismo masónico al ruido,

Del malhadado naturalismo al son[2].

 Ampáranos propicia en estos días,

De escándalo y negra corrupción

Yo elevo a ti las pobres manos mías

Y entre sollozos, cantos y armonías,

Te ruego nos alcances tu perdón.

 La Iglesia Católica a través de sus pastores expresó su opinión en contra de aquellas disposiciones del proyecto constitucional que iba en contra de la ley divina y del derecho de los padres a escoger el tipo de educación que quieren para sus hijos.

 Los laicos también se organizaron, enviando a la Asamblea Constituyente cartas en las que se oponían al proyecto de Constitución, influenciado especialmente por la masonería.  En Santa Tecla, varones y mujeres, por separado, enviaron sendas cartas al Parlamento.  Los pliegos con cientos y cientos de firmas comenzaban con las de las personas notables de la Ciudad; entre las primeras mujeres que firmaron aquella petición en defensa del bien común, del bien de las familias y de la educación católica, estaba Doña Clara de Alvarado.  Un acto de verdadero patriotismo.

Roberto Bolaños



[1]    Esta frase célebre fue comentada, como sólo él sabe hacerlo, por el Dr. David Escobar Galindo, en una de sus colaboraciones sabatinas para La Prensa Gráfica.

[2]   Ciertamente en El Salvador el liberalismo y la masonería causaron mucho daño a la Iglesia Católica, contraponiendo su concepción del mundo naturalista a la de ésta.  No es que los liberales fueran ateos, al contrario, con frecuencia eran católicos,  católico como mis padres pero liberal como mis tiempos,  era su lema; otro en cambio habían renunciado a la idea del Dios Cristiano para aceptar al Dios de los filósofos, es decir, que sin negar su existencia afirmaban que no intervenía para nada en los asuntos humanos.  Sorprende el conocimiento que Madre Clara tenía de las ideologías de su tiempo.  Cr. Roberto Bolaños, HISTORIA DE LAS IDEAS EN EL SALVADOR, Vol. IV, Siglo XIX.

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1 respuesta a Meditación 6

  1. Total sabiduría la de Madre Clarita, misma que solo una santa puede heredar del altísimo.

    Felicitaciones por esta página a los colaboradores (as), Carmelitas y demás.

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