Get Adobe Flash player

Decargas – Libros en PDF

Clara María - Biografía completa:

Biografía breve - Edición popular:


Biografía - Edición juvenil:

12 testimonios de las 61 gracias enviadas a Roma:

Novena:

Oración - Para la devoción privada:

Reflexiones

A la misma Señora

A la misma Señora

A la misma señora

Comentario

Sería muy interesante saber la fecha de composición de esta serie de tres poesías dedicadas a Santísima Virgen del Carmen, pues parecen escritas en una sucesión temporal debido al título de este segundo Poema: A LA MISMA SEÑORA, luego también es dedicado por la Sierva de Dios a Nuestra Señora del Carmen.  Recordamos, entonces, la Segunda Carta del Apóstol San Juan, escrita para la SEÑORA ELEGIDA, es decir para una iglesia particular del Asia Menor; la Virgen María es figura de la Iglesia.

El poema presenta una división en tres partes: la primera, nos habla de lo que vamos a llamar las glorias de María. En forma litánica describe el misterio y las glorias de la Virgen, en realidad se trata de unas nuevas letanías a María. La segunda, nos habla de las terribles consecuencias del pecado original originante y originado y del privilegio de la Inmaculada Concepción, ese misterio que más adelante Madre Clara se comprometería públicamente a defender,  y; la tercera parte en que presenta sus peticiones al Señor, pero confiando en la mediación mariana.

1)            Hemos dicho que en la primera parte se ofrecen una forma de letanías que expresan, en su contenido, algunos aspectos del misterio mariano. Comienza dejando en claro la dedicatoria a la Virgen María que Señora del cielo y de la tierra, pero, además, es madre tierna y consuelo en las penas, precisamente por Madre.

Reina de Tierra y Cielo;

Vuestros hijos, tierna Madre,

Os aclaman su consuelo,

Y os saludan ¡Dios os salve! 

b)  Madre Clara María quiere presentarnos a la Virgen María como Señora del Cielo y la Tierra, este señorío no se extiende sólo a las criaturas terrenas, o a los elementos de la naturaleza, sino también a la creación espiritual de Dios.

Comienza por decir que María es la Señora de los Ángeles y de los Arcángeles, así como de los Serafines:

Sois del empíreo celeste

El esplendente arrebol

Vuestro calzado es la luna

Vuestros vestidos el sol.[1]

¡Ardor de los Serafines!

De los Querubes modelo,

Asombro de los Arcángeles

¡De los ángeles espejo!

Pero no sólo es Señora de la creación espiritual angélica sino también terror de los Demonios, según postulaba la Mariología tradicional, María es la vencedora del horror del averno debido a su concepción inmaculada.

En los abismos profundos,

Sois del averno el horror,

De los demonios destierro

Y de Satán el terror.

María es también Señora de la Iglesia, tanto triunfante como peregrinante; es la más destacada entre sus miembros: 

En el cielo de la Iglesia (sois)

De sus astros esplendor,

De sus estrellas el brillo,

De sus luceros fulgor.

En las brumas que la aquejan (a la Iglesia),

Destello del mismo Dios,

Iris que anuncia las paces,

Nítido y plácido albor. 

2)              La segunda parte nos habla del misterio de María como Inmaculada Concepción. En el sentido platónico la idea en Dios acerca de María es eterna y ahí surge como “Llena de Gracia” o sea totalmente agraciada en la presencia del Señor. Las ideas en Dios son eternas e inmutables, de esa condición goza la idea sobre la Virgen es anterior “antes que criara los cielos, antes que hiciera el infierno

La obra de la Virgen María es transformar el veneno del pecado en inocua triaca y dándonos a su Hijo nos permitió volver al paraíso.

Con un Fruto Bienhadado

Volvéis el perdido Reino.

3)            Después, Madre Clara María, de haber proclamado a la Virgen María Señora de la Tierra y el Cielo y tierna Madre de la humanidad, recurre a su poderosa intercesión invocando su protección, compara la protección de la Virgen con la llegada de la primavera tras un crudo invierno y pide a María que restaure el primitivo fervor de la Orden del Carmen que presiente. 

Luzca ya la primavera,

Que con ansiedad espero;

Rehabilita los graneros

De vuestra Orden prodigiosa,

Que ya percibo senderos.

Promete, Madre Clarita, a María flores de jardines que ella cultivará con esmero y sus flores serán, en cuanto a belleza y aroma, como las rosas del Carmelo.

El tiempo de su composición, posiblemente sea durante su noviciado como terciaría carmelita, y le pide ayuda a la Virgen para poder consagrarse a sus templos, a su cuidado, al culto divino que tanto le gustaba. Recordemos que para ella el templo, probablemente piense en la Parroquia de la Inmaculada antigua, es un lugar dónde se encuentra muy a gusto:

¡Al pie de tus altares yo respiro!

Y siento reanimarse mi existencia…;[2]

Implora a María su ayuda en la consecución de sus metas, ella quiere ser totalmente de Dios. Para obtener la ayuda de la Virgen le recuerda un suceso de la vida de Jesús en el que destacan la humildad y la fe, me refiero a la plegaria de petición de una madre cananea que le pide la curación de su hijo; el Señor le responde desconcertantemente que no está bien darle el pan de los hijos a los perritos. La buena mujer le replica con astucia: pero los perritos también se alimentan de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

 Esta respuesta sorprende gratamente a Jesús que hace una alabanza de la fe madre cananea, a la vez que censura discretamente a los judíos.

 Madre Clara María, ofrece a la Virgen sus anhelos: ser esclava de la Esclava y lograr su profundo deseo, anhelo, de consagrarse al servicio de sus templos.

Roberto Bolaños Aguilar. CssR

Flor-61


[1]     Madre Clarita imagina a la Virgen con la iconografía tradicional de la Inmaculada Concepción, con la luna a sus pies y vestida del sol, como es además descrita en el Apocalipsis.

[2]  Madre Clara María Quirós,  A la Santísima Virgen en sus Dolores, Versos 6 y 7.

Su nombre es Clara

…Su nombre es Clara

 Quiso Dios que una vez visitara Asís y fuera al convento primero fundado por Santa Clara Scifi, más conocida como Clara de Asís, y nos  mostraran su cadáver incorrupto tras mucho siglos de su muerte en Asís 1253. El cuerpo se encuentra conservado pero horriblemente ennegrecido por el paso del tiempo. A su vista me dije qué diferente de la Santa Clara de Zefirelli, joven, bella, rubia como los trigales de la Toscana. A pesar de ello pensé la santidad es hermosa porque ilumina la oscuridad de este mundo. Dice el Prólogo de San Juan, hablando de Jesús: “Era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre.” (Jn 1,9)

Pensamos que el gran mérito de Santa Clara y sus Damas Pobres fue decir al mundo, que recién descubría el mercantilismo, que lo que realmente importaba era ser y no tener.

Estas actitudes vividas en cristiano como una forma radical del seguimiento de Cristo, iluminaron nuestro mundo y aún hoy, ocho siglos después de la primavera de Asís, lo siguen iluminando.

Por eso el nombre Clara se llena de un nuevo significado; Clara es la que ilumina, pero porque ella primero ha sido iluminada. Así se comprenden las palabras del Primer Obispo de Chalatenango, Mons. Alas, que los santos, son trasunto de Cristo, su copia fiel.

Muchos siglos habían de transcurrir, y muchas cosas tenían que cambiar, hasta que en una pequeña República latinoamericana, El Salvador, naciera una niña también amante de la pobreza,  de los pobres, y de la imitación de Cristo. ¡También se llamaba Clara!.

Dicen que llovía torrencialmente aquél día, 12 de agosto de 1857. Negros nubarrones encapotaban el firmamento; hacía varios días que no cesaba de llover 

Cuenta la tradición que el día que nació, estaba lloviendo torrencialmente. Pero, por un prodigio, después del alumbramiento brilló esplendoroso el sol. ¿Qué quiere significar esto?. La estrella que brilló en Belén para anunciar el nacimiento de Jesús, es símbolo de la fe que guía al encuentro con el Salvador. El sol que brilla en lo alto, evidentemente simboliza al Redentor como la luz que ilumina a este mundo entenebrecido por el pecado, mundo de pecado fue el que encontró Madre Clara María al nacer, mundo de pecado en su mismo hogar desintegrado; pero Cristo no sólo ilumina nuestras lobregueces, sino que como discípulos suyos somos iluminadores, claros, como lo dijo él mismo en el Evangelio: brille así vuestra luz entre los hombres para que viendo vuestras buenas obras den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. (Mt 5,16) Evidentemente Madre Clara María fue luz en su tiempo y en el nuestro; su vida entera iluminaba el camino de hombres y mujeres para llevarlos a Cristo.

Decía aquél 16 de julio  ante la sagrada imagen de Nuestra Señora del Carmen:

¡Sus hijos, pobre Patria, han delinquido!

¡Han negado su fe y su religión!

Y al vicio y al error se han convertido,

Del libertino masonismo al ruido,

Del malhadado naturalismo al son.

Mujer de su tiempo, profundamente enraizada en la problemática histórica de El Salvador, desde la fe cristiana, que ilumina la realidad, condena los desvaríos de su Patria, que también habían condenado nuestros obispos.

Sus padres, Doña Carmen López y Don Daniel Quirós, al enterarse que la Sra. De Quirós esperaba su primer hijo, como todos los padres, pasaron conversando y escogiendo el nombre que pondrían a la criatura próxima a nacer. Sí era varón, y en esto había acuerdo, se llamaría Félix, como su abuelo, sí era niña, aquí no lograban ponerse de acuerdo, se llamaría Isabel, según Don Daniel, Clara, para  su madre. El 12 de agosto, celebraba la Iglesia a Santa Clara de Asís, el mismo cielo señalaba el nombre de la niña que nació…como un nuevo Zacarías cuando junto a la pila bautismal qué nombre habían elegido para su hija, ellos, al unísono respondieron CLARA DEL CARMEN.

Así aquella niña extraordinaria fue puesta bajo la protección de la Santa enamorada de la dama pobreza y de Nuestra Madre del Carmen.

Entonces, el nombre dado a los hijos no era una veleidad de los padres; sino que, fieles a la tradición de la Iglesia y a nuestra cultura cristiana, imponía el nombre de un santo, normalmente el del día del nacimiento en el almanaque, para que este lo tomara bajo su  protección en el difícil camino de la vida y le hiciera llegar a buen puerto.

En este caso, el nombre señala un camino. Madre Clara no sólo fue iluminada por la luz de Cristo, sino que fue luz para los habitantes de Santa Tecla, luz de caridad y faro que conduce a Cristo y a María, como dice el canto.

Clara Quirós también fue una enamorada de la pobreza y, al igual que la de Asís, Fundadora de un Instituto Religioso. A través de sus Carmelitas de San José, Madre Clara María sigue iluminando la vida de muchos hombres y mujeres, niños y niñas. Cuenta Mons. Bougaud, en su monumental biografía de Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal, fundadora de la Orden de la Visitación, que la Santa, en primer lugar, quiso ser Carmelita Descalza, pero un día se le apareció Santa Teresa de Jesús, y le dijo: Yo no te quiero por hija, sino por compañera fundadora. Lo mismo podría decir Santa Clara de Asís a Clara Quirós de El Salvador.

Cuando se convirtió en religiosa cambió su nombre por el de CLARA MARÍA DE JESÚS. En la Sagrada Escritura el cambio de nombre significa la destinación a una misión que se asume desde la libertad. La misión de Madre Clara es ahora totalmente seguir iluminando pero desde una pertenencia total a Jesús y María, con Santa Teresa de Jesús podía decir:

Yo toda me entregué y dí

Y de tal suerte he trocado

Que es mi Amado para mí

Y yo soy para mi Amado .

Su relación con Dios fue el camino de una nueva fecundidad, pues ella es la madre de numerosos niños,  mujeres y hombres que se acercan a ella para gozar aunque sea un instante de su claridad.

                                                 Roberto Bolaños Aguilar +.

Una Salvadoreña a los Altares…

UNA SALVADOREÑA A LOS ALTARES…

 

    En mi enfermedad, larga y de recuperación aún más larga, algunos amigos, bastantes, gracias a Dios, han permanecido conmigo. Es tremendamente cierto, que en la cárcel y la enfermedad se conoce a los verdaderos amigos. Al respecto afirma el Eclesiástico 6, 8: “Hay amigos que sólo lo son cuando les conviene, pero que no lo serán en las dificultades” y, en 6, 14: “Un amigo fiel es un refugio seguro; el que lo halla ha encontrado un tesoro.” Durante mi enfermedad, sobre todo en mis momentos de desaliento, he hallado siempre presente –invisible no significa ausente- a Madre Clara María Quirós, Fundadora de la Congregación de Carmelitas de San José.

Desde que tuve noticias de ella, cerca del año 2000, tuve interés en conocer su prodigiosa vida. Lo primero que tendría que decir es que fue como la mujer fuerte de que nos habla la Escritura, pero sin perder su ternura; y trabajadora, como cualquier mujer salvadoreña. En cierto sentido, puede ser propuesta como atractivo modelo para la mujer latinoamericana de nuestro tiempo. En torno a dos ejes giró toda su vida; Madre abandonada de seis hijos, prefiere en este caso ser madre a ser mujer, y, cristiana, vivenció radicalmente su condición bautismal (virtud heroica). Ambos aspectos fundamentales de su vida se armonizan en su papel de fundadora de la primera Congregación femenina de El Salvador. Cuando sus compañeras la querían llamar Reverenda Madre solía decir: “la madre soy.”. Esto es una maternidad a lo “divino”.

Soy testigo, lo he visto no me lo han dicho, de las numerosas personas de todas las edades que llegan a su tumba a pedir su intercesión para obtener de Dios un favor, una gracia, o también para agradecerla, como el leproso samaritano del Evangelio. A partir de esa época ha sido una presencia protectora en mi vida y un poderoso estímulo en el camino cristiano.

Las personas santas en la Iglesia de Cristo tienen una doble función: ser intercesores nuestros en la presencia divina, entendiendo su mediación en la única función mediadora de Cristo, como tan bien lo dijo el Vaticano II; y servirnos de arquetipo de lo que es ser cristiano. Una vez oí a un Obispo llamar a los santos trasunto de Cristo, se refería a Monseñor Romero, otro salvadoreño camino de los altares.

 

         FUE DECLARADA HIJA MERITÍSIMA DE EL SALVADOR. EN 2005.

 

El sacerdote, dice San Alfonso, en su función mediadora entre Dios y los hombres, debe llevar una vida intachable para ser grato en la presencia de Dios; de igual manera que un diplomático al ser declarado “non grato”  se ve obligado a abandonar su función de mediador entre dos naciones. Esto, pero en mayor grado, es necesario también a la mediación de nuestros amigos los santos: ser gratos a Dios.  “Has hallado gracia delante de Dios”, dice el arcángel Gabriel a María.

Es indudable que con su vida de entrega a Dios y al hombre, Madre Clarita es agradable a Dios. Con una vida así, me decía un sacerdote, es innegable su santidad.

Mi relación con la Sierva de Dios se puede definir como maternal, por su parte, y de filiación espiritual, por la mía. En mi habitación del convento sólo hay tres retratos que recuerdan a mis tres madres: la celeste, la Virgen María, la espiritual, Madre Clara María y, la terrena, la mujer que me dio el ser. Esta realidad de la maternidad espiritual ha definido y polarizado nuestro encuentro.

Esta maternidad espiritual, vivida a la manera carmelitana, tiene una doble vertiente: por una parte arquetípica, ella es uno de mis modelos de vida cristiana, por otra, se expresa en forma de especial protección-intercesión. Dice el profeta Isaías 66, 13: “como un hijo a quien consuela su madre, así yo los consolaré a ustedes”.

Mi relación de filiación ha ido intensificándose con el paso del tiempo y el mayor conocimiento de su obra. Madre Clara María es uno de esos grandes cristianos del cumplimiento heroico de los deberes de la vida cotidiana.

Por eso la confianza en su intercesión, parafraseando a San Pablo, “sé en quien he confiado”. Y, al que no me crea el poder de su intercesión, le respondo con Santa Teresa, que haga la prueba.

En muchas ocasiones he estado convencido de esta peculiar protección. Como cuando los médicos, tan prudentes, con tanta ciencia y experiencia, me dieron por desahuciado, un caso desesperado de infarto cerebral, pero para Dios no hay imposibles. Poco a poco fui recuperando la luz de la conciencia, entonces pedí que me leyeran la Novena de Madre Clarita. Desde entonces la he realizado de manera continua, sin dejar de rezarla un solo día. He mejorado mucho desde entonces, superando toda expectativa. Un dato: los médicos decían, que si salía del apurado trance quedaría parapléjico…hoy muevo todos mis miembros, con dificultad. es cierto, pero los muevo…estuve sin habla, tuve que aprender a hablar de nuevo…y he conservado mis facultades mentales. Pero sobre todo le agradezco a Dios me haya dado una oportunidad más de conversión y de reorientar mi vida.

Todo se lo debo al cuidado maternal de Madre Clarita y su vigilancia amorosa sobre mi vida, la misma que manifestó en su vida terrena con su hijo Cipriano Doroteo Manuel de Jesús…un tiro al aire.

Su obra y su espíritu perduran en las hijas de su corazón las Carmelitas de San José. Un grupo de cristianas que se dedican a hacer, sin grandes aspavientos, el bien a sus hermanos hombres y mujeres por todo el mundo. Así cumple Dios el sueño profético de Madre Clara María de Jesús del árbol y el  prado que recoge pajarillos de toda variedad.

No es mi condición de Postulador de su Causa de Beatificación, en su etapa diocesana, lo que ha incrementado mi confianza en su intercesión, ni mis apetencias como historiador, sino mi contacto personal frecuente con sus hijas Carmelitas. Su verdadera herencia.  Ella misma lo dijo un día, en un momento de grave crisis de su Congregación: Sí esto no es obra de Dios se disolverá como la sal en el agua, pero sí es obra de Dios permanecerá.

Cuenta San Juan  en su Evangelio, que tras el signo de Jesús de transformar el agua en vino en las bodas de Caná, Dios manifestó su gloria (la de Jesús) y creció la fe de sus discípulos en Él. Lo más fructífero de este encuentro con Madre Clara es que creo en Jesús con mayor firmeza y Él ha manifestado en mí su gloria y su poder.

Yo tengo un sueño, fue el mítico discurso de Martin Luther King, yo también tengo un sueño, más modesto según se vea, ver en la gloria de los altares a Madre Clarita. Dice un antiguo proverbio chino: el camino más largo comienza con el paso más corto. Este largo camino ya se ha comenzado, quiera Dios glorificarse en su Sierva.

Roberto Bolaños Aguilar

Santander, 2013

 

Quiero llorar, pero llorar contigo…

“QUIERO LLORAR, PERO LLORAR CONTIGO:”

 MADRE CLARITA Y LA VIRGEN DE LOS DOLORES.

 

Alfredo Alvarado, ha abandonado a su esposa, Doña Clara del Carmen, y a sus cinco hijos, por seguir viviendo de acuerdo a sus veleidades. Incumpliendo así sus sagrados votos matrimoniales.  Doña Clara, había experimentado el dolor inmenso de ver morir a su hija Francisca Mercedes, frente a tanto dolor y abandono ¿adónde acudir?. ¡Sólo a la Virgen María en su misterio de dolor!.

Dice la gran Santa Teresa, en el Libro de su Vida, que al morir su madre “como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida fuíme a una imagen de Nuestra Señora y suplíquele fuese mi Madre, con muchas lágrimas. Paréceme que aunque se hizo con simpleza me ha valido; porque he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella[1]”.

Fueron momentos muy difíciles para Madre Clara María. No resulta fácil aceptar el abandono de un esposo y la muerte de una hija pequeña; y, por sí esto fuera poco, quedar a cargo de una familia numerosa. Humanamente hablando, en este momento no tenía ayuda. Acaso la de su madre Doña Carmen López.

Doña Clara del Carmen se vuelve entonces a la Virgen María, dando así lugar a lo que algunos místicos llaman la segunda conversión, que implica una intensificación cualitativa de la vida cristiana. En este proceso Madre Clara María vivencia más hondamente la maternidad de María y experimenta su protección; como participante de la espiritualidad carmelitana   descubre que ante todo María es Madre de Dios y Madre nuestra. Ella misma nos lo dice en su poema “A la Virgen de Betlem”:

De misericordia Madre

Y dulzura de mi vida;

De mis males esperanza

¡Madre mía!… ¡Dios te salve!…

Pero en este momento de su vida, hay una identificación especial con María en su misterio de dolor. María, la dolorosa, sufre, ha perdido, como ella todo apoyo humano; es más, sufre siendo inocente.

Contemplando a María de los Dolores se siente aliviada en su sufrimiento, como que respira libre, y se siente internamente renovada y con fuerza para emprender la dura batalla de cada día:

¡Al pie de tus altares yo respiro!

Y siento reanimarse mi existencia; […]

Es la Dolorosa la que le abre nuevos horizontes de santidad. María se convierte así para ella en Madre y Guía:

Y si a la altura del Calvario miro (a Cristo crucificado por amor)

A ser gran santa con anhelo aspiro (amor con amor se paga)

Y a llegar de la cumbre a la eminencia. (subida del monte Carmelo)

Doña Clara encuentra en la Virgen seguro abrigo y protección oportuna. María es para ella una verdadera Madre:

… que tu manto,

Sea siempre en mis penas dulce abrigo,

No permitas sucumba en mi quebranto;

Yo no rehúso del dolor el llanto;

¡Quiero llorar…! ¡Pero llorar contigo!

María como Madre y guía son dos de las notas sobresalientes de la espiritualidad carmelitana de la que ella es una flor y fruto.

Su identificación psicológica con la Virgen de Los Dolores es total. La Santísima Virgen es una referencia protectora, esta vivencia se expresa en hermosas figuras poéticas, una vez más en Madre Clarita lo que dice es mucho más importante que el como lo dice:

Fuente de amor y de clemencia pía.

Acógelas (mis lágrimas) Señora; que tu manto,

Sea siempre en mis penas dulce abrigo

No permitas que sucumba en mi quebranto;

El problema del sufrimiento es afrontado por Madre Clara María con realismo sano. No rehúye el dolor, sabe que forma parte de la condición humana, lo asume en su dimensión redentora; sólo busca el apoyo de la gracia. En este sentido nadie mejor que Jesús y María. Sus vidas no todas fueron misterios de gozo o gloria, no todas fueron luz, en ellas también estuvo el misterio oscuro del dolor. Ellos sabían, como Madre Clara María lo sabía, que sólo la cruz es el camino para llegar a la luz. Dice la Carta a los Hebreos refiriéndose a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote: “Probado en todo, excepto en el pecado.” (4,15) Lo mismo se puede decir de María: “probada en todo, excepto en el pecado”.

Por eso, Madre Clara María llega a afirmar:

¡Quiero llorar!… ¡pero llorar contigo!…

El sufrimiento, en su variada gama de formas, estuvo presente en la vida de la Sierva de Dios, desde que fue raptada por su padre siendo apenas una niña, pasando por las dificultades conyugales con Don Alfredo, su esposo, la muerte de dos de sus pequeñas hijas, la incomprensión de su proyecto de fundar a las Carmelitas Teresas de San José, y. finalmente, su última enfermedad y muerte por paro cardio-respiratorio. Madre Genoveva del Buen Pastor afirma al respecto: “Pero… ¡Dios mío! Aquella privilegiada niña debía muy pronto cantar la nota discordante del martirio, pues por desacuerdos matrimoniales, su padre la hurtó cuando apenas contaba un año.

El sufrimiento, sin embargo, no la sumía en la inactividad y la desesperación. Pronto buscó en su pertenencia a Asociaciones Piadosas un cauce de realización como mujer cristiana. Aunque abandonada por su marido conservó su dignidad como mujer y madre.

Su inscripción en la  Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, abre esta nueva etapa en la vida cristiana de Doña Clara Quirós de Alvarado.  Es evidente que este hecho no es casual, ni trivial, sino lleno de múltiples significaciones, la primera de las cuales es la identificación de Doña Clara con la Madre sufriente.

El amor está lleno de pequeños detalles; pronto reúne un  grupito de miembros de la hermandad de Los Dolores y dotan la venerada imagen de Los Dolores de un manto bordado nuevo. Pero lo más importante es que su devoción mariana se convierte en lazos de solidaridad con los pobres. Madre Clara María no puede ver que alguien sufra sin procurar aliviar su dolor. El dolor del prójimo es su propio dolor. Así su pertenencia a la Hermandad de Nuestra Señora de Los Dolores dinamiza su caridad con el prójimo, Dios incluido, impulsándola a una práctica heroica.

 

Entre los católicos salvadoreños Madre Clara María destaca por su preocupación por el prójimo sufriente. Amarlo es su parte de su compromiso de amor a Dios y a María.

Su entrega y compromiso mariano alcanzará su plenitud cuando participe de la espiritualidad carmelita, cristológica y mariana por definición.

Roberto Bolaños Aguilar, C. Ss.R.

 


[1]    SANTA TERESA DE JESÚS. Libro de su Vida, 1, 5.

MADRE CLARITA, ¡SALVADOREÑA!

La Asamblea Legislativa de El Salvador declaró a la Sierva de Dios Clara María Quirós como “Hija Meritísima de El Salvador”, lo mismo había hecho, poco antes, la Municipalidad de Santa Tecla. De modo que Madre Clarita fue propuesta a los salvadoreños como modelo de civilidad. Fue muy grande, dijeron los honorables Diputados del pueblo, su dedicación a la educación integral de la niñez y su laboriosidad. El 8 de marzo de 2006, fue propuesta como prototipo de la mujer salvadoreña.

Una de las virtudes en las que destaca la Sierva de Dios es el amor a su Patria, el civismo, la dedicación al bien común de la sociedad, entendida en su más amplio sentido. Patria es para ella los hombres y mujeres concretos de su tiempo. En esto se encuentra en perfecta sintonía con Don Alberto Masferrer, quien decía en el primer número del periódico Patria:    “En este diario la palabra PATRIA tendrá perennemente una significación muy restringida y muy concreta:  LA VIDA DE LOS SALVADOREÑOS QUE VIVEN ACTUALMENTE.   En tal concepto, la salud, el bienestar, la prosperidad, la comodidad, la cultura, la libertad, la paz y el contento de los salvadoreños que viven hoy, es para nosotros el valor supremo, la cosa primordial, intransferible, impostergable; y, a obtener, mantener y mejorar esos valores se encaminan constante y firmemente las actividades de este diario PATRIA” (A. MASFERRER, “Patria”: “Obras Escogidas”, II, 434)

Patria no es un concepto abstracto, no es una inflexión de la voz, ni una idea política, más o menos ideológica, ni un mito heroico, sino unas gentes, unos ríos, unos volcanes, etc., tal como lo ha dicho José Emilio Pacheco en su hermosísimo poema “Alta Traición”:

No amo mi Patria,

Su fulgor abstracto, Es inasible,

Pero (aunque suene mal), Daría la vida

Por diez lugares suyos, Cierta gente,

Puertos, bosques de pinos,

Fortalezas,

Una ciudad deshecha, Gris, monstruosa,

Varias figuras de su historia, Montañas,

Y tres o cuatro ríos.

El Padre José Morán Pan, Misionero en China, se preguntaba ¿qué es un chino?, lo mismo podemos hacer nosotros ¿qué es un salvadoreño?. Eso lo trata de definir nuestro gran poeta Roque García Dálton en su “Poema de Amor”. Dos cosas diríamos que pueden definir lo qué es un salvadoreño de carne y hueso: la fuerza de su carácter, temperamento o talante, y su laboriosidad.

El moralista español Marciano Vidal enmarca el ser moral de la persona humana en lo que él llama las coordenadas morales. Una de ellas es el espacio geográfico, nacional o religioso. De tal modo que el lugar en donde nace una persona le define. Por  ejemplo,  los  costeros son  más  permisivos que  los  montañeses.  Así  Madre Clarita  es  salvadoreña  por  los  32  costados,  sólo  así  puede  ser  considerada universal.

Su biógrafo, el claretiano Padre Alberto Barrios Moneo, la llama “Salvadoreña y Fundadora”, intentando conceptualizarla, porque ambas cosas la definieron. Nació en San Miguel, llamada la Sultana de Oriente, en la República de El Salvador, de padres salvadoreños. La centenaria Diócesis de San Miguel (1913) la considera, con Monseñor Romero, entre los frutos más granados de su acción apostólica y fue la Fundadora de la Congregación de Carmelitas de San José.

Esta mujer escaló elevadas cumbres en el difícil camino de la oración, pero precisamente por ello, como prueba de su autenticidad, no era una persona abstraída y descomprometida, sino profundamente preocupada por el mejoramiento de la sociedad. Llevaba la oración a la vida y lo vivido a la oración, era una verdadera contemplativa en la acción.

Don  Roberto  Molina  Morales, ex  director de  la  Academia Salvadoreña de  la Historia, cuenta una leyenda que circula sobre Madre Clarita, la leyenda corrige laHistoria, dice Masferrer, en su libro inédito “Hombres Ilustres de la Nueva San Salvador” donde cuenta algo no verídico, pero que nos afianza en la afirmación de su gran amor a El Salvador:

El país se encontraba en guerra contra Guatemala. El guatemalteco Justo Rufino Barrios había invadido el territorio nacional. Las fuerzas del Presidente salvadoreño, Andrés del Valle, se encontraron con las guatemaltecas en la célebre batalla de Chalchuapa, donde encontró la muerte el Presidente guatemalteco, Barrios.

Cuando El Salvador estaba abocado a la guerra con Guatemala, e iba a ocurrir la batalla decisiva de Chalchuapa, Madre Clarita acude a Dios en oración por su país, le ofrece la vida de uno de sus hijos, como hizo Abrahán con su hijo Isaac en el monte Moriah, a cambio del don inestimable de la paz, y el Señor escuchó su oración, la  victoria le sonrió a  El Salvador. El  mismo día    de  la  victoria de  El Salvador sobre Guatemala en Chalchuapa, moría su hija María Francisca Mercedes en Santa Tecla. En honor de Doña Clara del Carmen, como madre, diremos que esto no es cierto, pero nos la quiere mostrar como modelo de salvadoreñidad.

Dice la historiadora mexicana Silvia Dutrénit que El Salvador, sólo hasta el año de 1902, participó en más de cien confrontaciones bélicas y, dice además, que la oposición entre los liberales y conservadores marcó profundamente nuestro siglo XIX, por lo menos hasta 1886.

Ese año se aprobó una nueva Constitución, modelo de Constituciones liberales, que legalizaría en el poder al Dr. Rafael Zaldívar, que había llegado mediante un golpe de Estado. Esta Constitución omitía en su prólogo mencionar a Dios como su fuente de poder, aprobaría la separación entre la Iglesia y el Estado, la libertad religiosa, la educación pública laica, etc. Otros Gobiernos liberales habían aprobado el matrimonio civil y el divorcio. Su fundamento metajurídico lo hallamos en los principios de la Ilustración de libertad, igualdad y fraternidad. Sobre ella escribió Julio  Alberto  Domínguez  Sosa  su  “Génesis  y  Significado  de  la  Constitución  de 1886”.

No basta rezar”, dice una vieja canción de protesta, pero lo contrario es una herejía, herejía del activismo la llamó el papa Pío XII. En la vida de Madre Clara María se unen perfectamente acción y contemplación, ella es mismo tiempo Marta y María. Cuando se iba a discutir la Constitución del 13 de agosto, ella quiso enviar a  la  Asamblea  Constituyente  un  pliego  que  contenía  la  opinión  sobre  algunos puntos que iban a ser discutidos por la Magna Asamblea, que afirmaba ser representante de un pueblo soberano. Con muchos católicos, decían ella y sus amigas, que no era conveniente para el país apartarse en algunas cosas, como la educación, de la enseñanza católica para adoptar principios del liberalismo decimonónico. En todo esto sólo buscaba el bien común de los salvadoreños y manifestó su gran libertad de conciencia frente a la opinión mayoritaria, en lo que consideraba un bien.

Aquél año, el 16 de julio, leyó en la fiesta de la Virgen del Carmen su poesía “A la

Virgen del Carmen en su Día”, en ella dice:

Detén el brazo del Señor que airado, Parece quiere vindicar su honor,

De un pueblo ingrato, que deicida ha hollado

Las finezas de amor(2) que le ha mostrado

Dándole hasta su Nombre…: ¡El Salvador!…

Sus hijos, ¡pobre Patria han delinquido!

¡Han negado su fe y su religión!

Y al vicio y al error se han convertido,

Del libertino masonismo(4) al ruido,

Del malhadado naturalismo al son.

(2) El tema de las finezas del amor de Dios, propio del amor cortesano, es peculiar de la “Cartatenagórica” de Sor Juana Inés de la Cruz.

(3) Parece que Madre Clara descubre misteriosos designios salvíficos y destinos en el nombre El Salvador.

El amor de la Sierva de Dios a su patria era activo y operante, como solía decir Santa Teresa de Jesús: “obras son amores y no buenas razones”. Amaba a El Salvador en los salvadoreños y no componiendo oraciones a la bandera, ni canciones a la Patria Querida. De su amor a su Patria nos hablan sus desvelos y sacrificios por los enfermos, el socorro a los necesitados, su interés por promover a la mujer marginada y a los hijos ilegítimos.

Pero su gran obra para el país fue su labor educativa en favor de las jóvenes. Ella entendía  que este pueblo violento y esta sociedad injusta hallarían su liberación mediante la educación. A ello dedicó sus mejores esfuerzos. Una educación integral de la persona fue su propuesta. La moral y la religión tienen como misión liberar y hacer hombres y mujeres felices. Con esta finalidad funda a las Carmelitas de San José.

Su recuerdo destaca entre los beneméritos de El Salvador. Realmente Madre Clara María hizo y quiso el mayor bien posible a su Patria. Es uno de los salvadoreños que a todos nos gustaría ser. Su fe y su civismo la llevaron a comprometerse con los más débiles haciéndose solidaria con ellos.

 

 

 

ROBERTO BOLAÑOS.

 

7 DE MARZO DE 2012.-