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Meditación 14

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La Humildad de Madre Clara María

 Los que me conocen, saben que en este momento me siento como el hijo que después de algunos años de ausencia vuelve a casa de su madre.  Este día en que recordamos llenos de regocijo el día del natalicio de Madre Clarita, que ocurrió un 12 de agosto de 1857, este día hermoso del mes de agosto quiero que meditemos en la humildad de Madre Clara María para aprender de ella.

 Si recorremos las páginas de la Sagrada Escritura fácilmente descubriremos que la HUMILDAD es una de las actitudes espirituales a las que se les da mayor importancia, de manera especial en los escritos del Nuevo Testamento.  Jesús y María aparecen en ellas como el hombre y la mujer humildes por excelencia.  Jesús dice claramente de sí mismo en el Evangelio que hemos de aprender de El que es manso y humilde de corazón; es decir, Jesús es nuestro interior Maestro de Humildad.  María, a su vez, en su Cántico de Alabanza destaca en lo que podríamos llamar su perfil espiritual, su pertenencia a los pobres de Yahvé que por condición son humildes: EL SEÑOR HA MIRADO LA HUMILDAD DE SU ESCLAVA.

 San Pablo en la Carta a los Romanos nos presenta a Jesús y a María como los nuevos Adán y Eva. Si aquellos, nuestros desdichados primeros padres, con su soberbia quisieron ser iguales a Dios y nos separaron de él: Cristo y María con su humildad nos han reconciliado para siempre con el Padre del Cielo.

 Vivimos en un mundo en el que no se valora la virtud de la humildad. Nuestro mundo está pensado para los soberbios y los vanidosos, para los que quieren ocupar los primeros puestos en el banquete de la vida, sin importar a quien atropellen, qué derechos violen o a quién exploten y opriman.  Es más, en nuestro tiempo ni siquiera tenemos una idea correcta acerca de la humildad, porque entendemos que el humilde es un ser débil que deja que todos le pisoteen, alguien que es incapaz de levantar su voz para defender sus derechos o los derechos de los otros. Nada más alejado de Jesús que tomó el látigo y expulsó a los mercaderes del templo acusándoles de haber convertido la casa de Dios en una cueva de ladrones.

 Si nos colocamos en la auténtica espiritualidad cristiana, entenderemos claramente la doble vertiente de la humildad, tal como la vivió nuestra Madre Clara María. Por una parte la humildad es el reconocimiento de nuestras debilidades y deficiencias; no podemos ser humildes si no reconocemos de qué barro estamos hechos, pero por otra, la humildad es el reconocimiento alegre de los dones que de Dios hemos recibido; con razón la gran maestra de la espiritualidad cristiana Santa Teresa dijo que “Humildad es la verdad”. Que es como decir el conocimiento ponderado de lo que somos: un misterio de vocación sublime y de miseria profunda como enseña el  Concilio Vaticano II.

 La humildad es la virtud que nos coloca ante Dios y los hombres como somos: ante  Dios como creaturas necesitadas de salvación, ante los hombres como hermanos responsables y solidarios.

 En la Sierva de Dios Madre Clara María de Jesús  podemos descubrir un ejemplo de esta humildad recia y sincera, que nos abre el camino de la santificación personal.  Una religiosa redentorista hondureña, María Noemí de Jesús, se preguntaba ¿cuál es la fuente de la obediencia? Y respondía: ¡La humildad! Y ¿cuál la fuente de la humildad?: ¡El Amor!  De modo que la clave de la humildad es el amor. Sólo el que ama puede ser humilde:  dijo Jesús hablando del misterio del Reino de los Cielos: Te doy gracias Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a la gente soberbia y entendida y la has revelado a las gente humilde!

 Como todas las virtudes, también la humildad es una práctica y un don,  un ejercicio y un carisma, de ahí que todas las personas han de ejercitarse en rechazar esa actitud equivocada y profundamente errónea que es la soberbia, querer ser más de lo que eres o pretender que los demás crean que lo eres. ¡Cuán humilde se manifestó Madre Clarita cuando siendo una adolescente responde a su madre, Carmen López, que la quiere dar en matrimonio a un hombre casi desconocido: ¡Como usted mande, mamá!  Y cuanto más admirablemente humilde se manifiesta en los once años de su vida matrimonial, obedeciendo a su marido en todo y ¿No es un ejemplo de humildad su relación con sus directores espirituales? A quienes obedece cuando la contrarían en sus propósitos siendo ella sólo una seglar.

 En la vida de Madre Clara María la humildad va unida estrechamente al amor de la pobreza. Ella que había sido en el mundo una gran dama sólo busca en el convento vivir como la más pobre, sin tener nada, sin estar apegada a nada y que la pobreza sea como la púrpura que adorna el traje de sus virtudes.

 Su profunda humildad se manifiesta en primer lugar en su relación con Dios.  Ante Dios ella es la criatura frágil, vulnerable, que sólo mira sus pecados y profundamente necesitada del amor que salva. Es la impresión que obtenemos al leer sus Poesías en sentido espiritual.  Al mismo tiempo el ser humilde la lleva a acoger a sus hermanos los seres humanos con toda caridad espiritual.  Madre Clara ama y acepta a todos los seres humanos sin importar sus llagas morales, al contrario, los ama precisamente por ellas con el fin de acercarlas a Jesús nuestro Médico divino.

 La humildad hace nacer en ella la conciencia de que todos los humanos somos hermanos y que esta hermandad común se expresa en el servicio.  Así su caridad la llevará, como dice San Pablo, a hacerse todo con todos, y lo mismo la encontramos junto al lecho de un moribundo que reconciliando a una pareja que tiene dificultades matrimoniales, dando de comer a un pobre que serruchando queso hasta altas horas de la noche para que sus hermanas puedan descansar.

 Ser humilde es no guardar resentimientos ni rencores.  Ella perdonó al hombre que la abandonó dejándola con cinco hijos y uno en camino, a aquella Sor Ana María de la Eucaristía que sólo esperaba que ella muriera para abandonar el Instituto por ella fundado; aunque en su vida sufrió algunos agravios y vejaciones, jamás se escucharon de sus labios palabras altisonantes o de reproche. Su humildad se expresó en el equilibrio de ánimo que siempre conservó igual.

 Para terminar la humildad se expresa en la confianza para con Dios de quien se espera todo.  Cuando pensaba en su destino eterno, la Madre Clarita, tenía la confianza en que se iba salvar, pero jamás por sus méritos, que eran muchos, sino por la misericordia de Dios que se apiadaría de ella para llevarla al cielo. Para sus hijas, Madre Clara María de Jesús, sólo quería una cosa, y la quería porque había sido la norma de su vida, su personal estilo de estar en el mundo a la manera de Jesús: DESDE EL CIELO LES AYUDARÉ, PERO SI GUARDAN EL ESPÍRITU DE POBREZA, HUMILDAD Y SENCILLEZ QUE LES DEJO.

Roberto Bolaños Aguilar