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madreclarita.Meditación 18

Meditación 18

Madre Clara María Quirós, mujer eucarística. 

Hace algunos días, celebramos la memoria de  Santa Teresa Benedicto de la Cruz, la célebre filósofa judía convertida al catolicismo y muerta como religiosa carmelita en el campo de concentración de Auschwitz el 9 de agosto de 1942.   Ella, en su biografía de Santa Isabel de Hungría, escribe:   Es una tarea arriesgada el tratar de desvelar lo que se esconde bajo el velo del misterio de Dios.  Pero el dedo de Dios escribe la vida de sus santos para que nosotros podamos leerla y bendecirlo por sus maravillas, y de este modo descubrimos el camino que cada uno tiene que recorrer.”[1]

Ha sido el Papa Juan Pablo II,  de santa memoria, quien en su  Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, habla en uno de los apartados finales de la Santísima Virgen María como modelo de vivencia amorosa de la eucaristía y, como consecuencia de ello, la llama  “mujer eucarística

¿Qué actitudes?  ¿Qué disposiciones? Hacen, según el Papa Juan Pablo II de la Santísima Virgen María una persona que puede ser definida por su relación con la Eucaristía.

  • María puede guiarnos hacia este Santísimo Sacramento porque tiene una relación profunda con él.
  • María debe haber participado con la pequeña comunidad cristiana en la celebración de la fracción del pan. “ Pero más allá de su participación en el Banquete Eucarístico, la relación de María con la Eucaristía se puede delinear indirectamente a partir de su actitud interior.  María es mujer eucarística con toda su vida.  La Iglesia tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio.  No. 53
  • La Eucaristía en cuanto misterio de fe, exige de nuestra parte el más completo abandono a la Palabra de Dios.  De Jesús recibimos en la Ultima Cena el mandato de  hacerlo siempre en conmemoración suya.  María, por su parte, en las Bodas de Caná nos aconseja: “Haced lo que El os diga.”  Porque el que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio, la memoria vida de su pascua, para hacerse así “Pan de Vida”.  No. 54
  • La Encarnación del Hijo de Dios, en la que María pronunció su “fiat” a la obra de la Redención de alguna manera hizo que María practicara su fe eucarística, por el hecho de haber ofrecido su seno virginal para la Encarnación del Verbo.  Los meses que María llevó en su vientre a Jesús es un tiempo en el que ella es verdaderamente como una custodia viviente en “donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como irradiando su luz a través de los ojos y la voz de María.” No. 55.   De hecho, dirá el Papa, al fíat de María en la Encarnación corresponde el amén del creyente al recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo.  Todo desde la perspectiva de la fe.
  • María con toda su vida junto a Cristo, y no solamente en el Calvario, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía
  • En el Calvario, Cristo nos entregó a María como Madre y hacer memorial de su sacrificio en la cruz “implica también recibir continuamente este don. Significa toma con nosotros a quien una vez nos fue entregada como madre.  Por eso el recuerdo de María en las celebraciones eucarísticas es unánime, ya desde la antigüedad, en las Iglesias de oriente y occidente.  No. 57.
  • En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su sacrificio, haciendo suyo el espíritu de María. Es una verdad que se puede profundizar releyendo el Magnificat  en perspectiva eucarística.  La Eucaristía es, en efecto,  como el canto de María, es ante todo alabanza y acción de gracias.  No. 58.

En otra ocasión, no muy lejana, hemos hablado de la estrecha y amorosa relación de Madre Clara María Quirós con la Santísima Virgen María.  El Padre Alberto Barrios Moneo,  al hablar de la devoción eucarística de nuestra Madre, dijo que en su itinerario espiritual había sido la Virgen Santísima la que había  llevado a Madre Clara a los pies de Jesús Sacramentado.

También lo afirmó el Papa Juan Pablo II cuando dice: Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo implica también recibir continuamente este don…  Significa asumir, al mismo tiempo, el compromiso de conformarnos con Cristo, aprendiendo de su madre y dejándonos acompañar por ella.  María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas. Así como la Iglesia y la Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía.  No. 57.

La fina intuición de Madre Genoveva del Buen Pastor, y su conocimiento de Madre Clara María,  la llevó a escribir que ésta era “un alma eucarística”  ¿Un alma eucarística?, ¿Qué significa esto hablando de Madre Clara María de Jesús?

A lo largo de toda su vida,  casi me atrevería a decir que desde el día en que realizó su primera comunión.  Madre Clara María, fue amando cada vez más intensamente a Jesús, de modo que llegó a  concienciar que todo lo mejor debía ser para Jesús, y así lo comunicaba a sus hijas de la Congregación: ¡Todo lo mejor para Jesús!

Su contacto frecuente con Jesús se realizaba por medio de la oración;  era allí donde ella encontraba a Jesús y Jesús la encontraba a ella.   En esa expansión de su alma profundamente enamorada de Jesús Eucaristía que es su poema: Entretenimiento del Alma, con el Adorable Corazón de Jesús Sacramentado,  se presenta a sí misma como un alma profundamente enamorada de Jesús en el Santísimo Sacramento: 

¡Te amo Señor!  ¡Y con amor ardiente!

Mi corazón te busca por doquier,

Y mi alma herida, con ardor vehemente,

Como el ciervo sediento por la fuente,

Vive ansiosa de unirse con tu Ser.[2]

Testigos de vista, como Madre Magdalena del Sagrado Corazón y la Sra. Dolores Ordóñez, hablan de la predilección de Madre Clarita por la oración ante el Santísimo Sacramento y, además, de las largas horas de rodillas ante el sagrario.  “Cada vez que pasábamos por la capilla, esta ella ahí,  de rodillas ante Jesús Sacramentado”.

¿Qué cosas diría  la Madre a su Jesús Eucaristía?  ¿Qué mercedes le pediría?  ¿Qué sentimientos pondría a sus plantas?, posiblemente son cosas que nunca sabremos, porque ella no solía hablar de su experiencia de oración, sólo en una ocasión, dirá Dolores Ordóñez, nos comentó sobre algunas visiones y locuciones habidas en la oración, pero les mandó severamente que no se lo contaran a nadie.  El único camino para acercarnos a su devoción eucarística es a través de su poesía, que es como asomarse a una habitación totalmente iluminada, llena de tesoros, por el ojo estrecho de una cerradura.

En el “Entretenimiento”  Madre Clara María cita algunos personajes de los Evangelios con los que se siente profundamente identificada por el amor que tuvieron a Jesús y que son propuestos por la Iglesia como modelo de devoción y entrega eucarística: la Santísima Virgen María, en primer lugar,  el Apóstol San Juan, Santa María Magdalena y, también, el Hijo Pródigo.

La primera dimensión de su experiencia eucarística es precisamente  la de alabanza, adoración y bendición al Padre, por haber querido que su Hijo se quedara en el Sacramento del Altar.  A Madre Clarita no le es suficiente para alabar al Santísimo ni la fantasía de los poetas, ni los trinos de las aves,  ni el arpa del profeta,  quiere cantar a su Dios presente en la Eucaristía con la misma voz y sentimiento de la Santísima Virgen María: Mi alma proclama la grandeza del Señor,  mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava…

Para acercarse al Misterio de la Santísima Eucaristía, dirá la Madre, es necesario hacerlo desde una gran humildad,  reconociendo sinceramente nuestra necesidad de perdón y de salvación:

Déjame reclinar en tu regazo,

Cual pródigo desnudo y sin porción.

Permíteme estrecharte en tierno abrazo

Y unida a Ti por tan estrecho lazo,

Escuchar tus palabras de perdón. 

Estar en la presencia de Jesús Eucaristía es como iniciar un diálogo de corazón a corazón,  un intercambio amoroso que se expresa en verbos como morar, permanecer, saciar, etc.

Envía de tu pecho para el mío,

Raudales de ternura y caridad;

Une tu llanto con mi llanto pío

Como se une la gota de rocío

A la inmensidad del insondable mar.

La figura de Santa María Magdalena atrae mucho a Madre Clara María, no sólo porque es la pecadora perdonada, sino, porque fue una de las personas que con mayor intensidad amó al Señor Jesús, la que escogió la mejor parte, según lo dice el mismo Jesús en el Evangelio.

Déjame aquí, Señor, con Magdalena,

Mis amorosas lágrimas verter,

Sentarme a tu banquete y de amor llena,

Como está la abejita en la colmena,

De tu sangre una gota no perder.

Apropiarse del sacrificio de Cristo,  una gota de tu sangre no perder,  hace que entendamos que Madre Clara comprendía y vivenciaba perfectamente la triple dimensión del Misterio Eucarístico: Sacrificio,  Banquete y Presencia.

Pero para la Santa Fundadora,  la Eucaristía era ante todo COMUNIÓN, tal como el mismo Cristo nos lo reveló en el Evangelio:  El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y yo en él.

La comunión a la que aspira Madre Clara María no es sólo la que se nos ofrece en la Santísima Eucaristía, sino la que ciertos místicos mexicanos,  como Monseñor Luis María Martínez,  CONSUMACIÓN EN LA UNIDAD.  Una unión con Dios que no dependa de la transitoriedad de lo que duran en corromperse las especies eucarísticas, sino aquella que se funda en la comunión de amor y de voluntades y que San Juan de la Cruz llamó el MATRIMONIO ESPIRITUAL.   Este fenómeno místico naturalmente pide y exige la comunión Eucarística. 

¿Quién puede asomarse a la profundidad de un alma, sin tener la sensación de vértigo?

¡Déjame aquí, Señor!…  ¡Aquí rendida!

¡Quiero gozar de tu presencia real!

Quiero internarme en lo hondo de la herida

Para beber sin tasa, ni medida,

Del licor del divino manantial.

Cuando en aquella ceremonia de cambio de nombre, que presidió el Padre José Encarnación Argueta y Doña Clara del Carmen Quirós, cambió su nombre por el de Madre Clara María de Jesús, también a cada una de ellas el sacerdote salesiano les pidió que eligieran una de las cinco llagas de Cristo,  ella escogió la llaga del  costado, la misma de donde brotó sangre juntamente con agua y que simboliza  el nacimiento de la Iglesia, Esposa de Cristo.

En el lenguaje místico beber de la llaga del costado es uno de los  gestos de mayor profundidad amorosa que le es dado realizar a un creyente, porque establece con Cristo una unión definitiva. ¿Quién podrá separarnos del amor de Dios?

Es cierto que para emprender el camino de la Vida Mística hay que estar decidido a dejarlo todo por Dios, a soportarlo todo por Dios,  a ser nada por Dios: 

Remontada como Águila quisiera,

Surcar del orbe el espacio sin fin;

Dejar el mundo, y sin volver siquiera

A mirar su inmundicia en mi carrera

Emprender vuelos de alado Serafín.

La consumación en la unidad sólo se realiza cuando el creyente se ha desarraigado de todo lo creado y ha sido purificado por el amor de Dios hasta quedar en la pura desnudez de la fe, según enseña San Juan de la Cruz.

¡Vida de mi alma!  ¡Vida de mi vida!

Quiero perderme y confundirme en Ti,

Aniquilarme a tus pies, y aquí perdida,

Encontrando en tu seno mi guarida,

Permanecer eternamente allí.

Madre Clara María fue mujer eucarística hasta en los pequeños detalles,  en las delicadezas, que tenía con Jesús  Sacramentado, como querer que hasta los más pequeños detalles del culto eucarísticos fueran dignos del Señor: limpieza y decoro de los ornamentos, vasos sagrados,  libros litúrgicos,  cuidado y aseo del templo, respeto y recogimiento con que se debe participar de la Santa Misa, etc.  En ella se cumplía perfectamente aquello de que quien es fiel en lo pequeño, lo será también en lo grande.

La vivencia eucarística de Madre Clara María no se quedaba sólo en la expresión de la centralidad de Jesús en su vida,  sino que se traducía en una fuerte solidaridad con los pobres y con todos los que experimentan alguna de las formas del sufrimiento humano.  Descubrir por la fe la presencia real (gustada) de Jesús en la Eucaristía ha de llevarnos necesariamente a descubrir a Jesús en el rostro sufriente de cualquier mujer o de cualquier hombre; por eso podemos decir con toda verdad que toda la obra de Madre Clara María de Jesús brota, como de un manantial,  del sagrario en donde se esconde el tesoro mayor de la Iglesia y de los Cristianos: Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

El 8 de diciembre de 1928, las últimas horas de su vida, Madre Clarita quiso pasarlas ante el Sagrario, en la presencia de Jesús,  el mismo que había conducido su vida a caminos y situaciones a los que ella nunca pensó llegar, a cumbres de amor y santidad que manifestaban el dedo del buen Dios  y su voluntad divina de salvar a todos los hombres y las mujeres.

 El paraíso en la tierra,  llamaba Santa Teresa de Jesús al Santísimo Sacramento del Altar.  Pocas horas después de aquella oración ante el Santísimo, Madre Clarita se encontraría viendo a su Señor cara a cara y entonaría ese Cántico de triunfo del que nos habla el Apocalipsis revelado sólo a los que murieron siendo fieles al Cordero:

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor Dios Omnipotente,

Justicia y verdad guían tus pasos,

Oh Rey de las naciones,

¿Quién no dará honor y gloria a tu nombre, oh Señor?

Porque Tú sólo eres Santo

Y todas las naciones vendrán  a postrarse ante Ti,

Porque tus fallos se han dado a conocer.

Roberto Bolaños Aguilar

 



[1]    Francisco Javier Sancho Fermín, OCD,   Introducción General a las Obras Escogidas de Edith Stein, (Ediciones Monte Carmelo, Burgos, España, 1998)

[2]    Evidentes las reminiscencias de la poesía de San Juan de la Cruz.