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Madre Clarita. Meditación 20

Meditación 20

manos

MADRE CLARA MARÍA QUIRÓS

Y LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU.

Recuerdo que en el año de mi Noviciado se nos enseñaron algunas técnicas de meditación en un libro llamado “Caminos de Libertad”. Una de esas técnicas, el libro estaba muy influido por la espiritualidad oriental, consistía en fijar la mirada atenta en una fotografía de un paisaje o de una persona, eso conducía a crear una relajación mental y espiritual que favorecía la meditación y la oración. El otro día contemplaba de modo receptivo una fotografía de Madre Clara María, Me centré casi exclusivamente en su mirada.

Sin duda era una mirada profunda, clara, transparente, pero sí es cierto eso que dicen que la mirada es ventana del alma, en esa mirada había algo más…

Lo primero que se me vino a la mente fue la Bienaventuranza proclamada por el Señor Jesús: ¡Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios!

Naturalmente de esa limpieza del corazón a la que se le promete la visión beatífica nos hablan los ojos de Madre Clara.

MADRE CLARITA

Su mirada habla de los frutos del Espíritu que, en oposición a los frutos de la carne, nos habla San Pablo en su hermosa Carta a los Gálatas.

“Los frutos del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo. Estas son cosas que no condena ninguna ley.”  (Gál 5, 22-23)

En algunos sitios el Evangelio habla de que es necesario dar frutos que hemos de dar para alcanzar la vida eterna.  Esto aparece claro en la enseñanza de Jesús sobre la Higuera Estéril y en la Parábola de La Vid y los Sarmientos.

La importancia de los frutos, que en otra parte se llaman frutos de conversión (Mt 3,8), es destacada en el Evangelio de San Juan, cuando compara al cristiano que ha sido injertado en Cristo con los sarmientos y Jesús con la vid que los alimenta y sostiene. “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Toda rama que no de fruto la corta. Y todo sarmiento que no de fruto lo limpia para que dé más fruto.” (Jn  15, 1-2) La misericordia y la paciencia de Jesús quedan patentes en el relato de la “Higuera que No Da Fruto”: “Un hombre tenía una higuera que crecía en medio de su viña. Fue a buscar higos, pero no los halló. Dijo entonces al viñador: mira hace tres años que vengo a buscar higos a esta higuera, pero nunca encuentro nada. Córtala, porque está consumiendo la tierra inútilmente. El viñador contesto: Señor, déjala un año más y mientras tanto cavaré alrededor y le echaré abono. Puede ser que así de fruto y, sí no, la cortas. (Lc 13, 6-9)

En esto de dar frutos, no es tan importante la cantidad, 100%, 60% o 30 %, sino la calidad de la tierra. El sembrador siembra la semilla, el fruto depende de la bondad o maldad de la tierra. Es decir, los frutos del Espíritu dependerán de que lo dejemos actuar en nuestra vida. (dejarse guiar por el Espíritu). Sin nuestra colaboración, el Espíritu es como un pájaro con las alas atadas que no puede remontar el vuelo.

La Escritura, lógicamente, no se preocupa de dar definiciones ni siquiera aproximaciones conceptuales, por eso acudimos al Catecismo de la Iglesia Católica en busca de ella. El número 736 nos  dice: “Gracias a este poder del Espíritu Santo los hijos de Dios pueden dar fruto. El  que nos ha injertado en la Vid verdadera hará que demos  el “fruto del Espíritu que es caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza….”

  De modo que los frutos del Espíritu es el resultado de la acción de Dios en nosotros. Hemos sido destinados a producir estos frutos, tal como lo dice Jesús en el Evangelio: “Os he destinado para que deis fruto, y vuestro fruto permanezca.” (Jn 15, 17)

Los frutos del Espíritu Santo tienen una clara perspectiva de plenitud escatológica. Es el famoso árbol de la vida que estaba en el centro del Jardín del Edén, frutos del Espíritu es sinónimo de vida verdadera, también el Profeta Ezequiel, al describir el nuevo templo de Jerusalén, habla de los árboles plantados a la orilla del torrente de agua viva que brota del templo, nos dice que sus hojas siempre están verdes y producen fruto todo el año: “En los márgenes del torrente, desde principio a fin, crecerán toda clase de árboles frutales; su follaje no se secara, tendrán frutas en cualquier estación. Producirán todos los meses, gracias a esa agua que viene del santuario. La gente se alimentará con sus frutos y sus hojas les servirán de remedio.” (Ez 47, 12)

En la vida de Madre Clara María podemos ver operantes, lejos de teorías, los frutos del Espíritu Santo en nuestra vida cotidiana.. Es más, podemos decir que su vida entera es un dejarse guiar por el Espíritu Santo, demostrando una vez más su condición de hija por el espíritu de adopción que hemos recibido.

Al hablar de frutos del Espíritu, San Pablo, no los enumera taxativamente, es decir, no debemos suponer que sólo esos dones que menciona existen. El Espíritu Santo es libertad, por eso el Nuevo Testamento lo compara con el viento “que lo sentimos soplar pero no sabemos adónde va ni de dónde viene”.

La conclusión que se impone es que hay incontables frutos del Espíritu, pero no debemos aceptar como tales sino aquellos que han sido debidamente comprobados por la comunidad. ¿Ese don te trae paz espiritual?

Los dones del Espíritu han de ser contextualizados dentro de la tensa lucha entre la carne y el espíritu para ser bien comprendidos. Dice San Pablo a los Gálatas: “Los que pertenecen (subrayo la palabra pertenecen) a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus impulsos y deseos. Sí ahora vivimos según el espíritu, dejémonos guiar por el Espíritu…” (Gál. 5, 24-25)

De tal modo que entre más nos dejemos guiar por el Espíritu más iremos progresando en nuestra vida espiritual. Porque Al encontrar una persona dócil a sus mociones el divino Espíritu va aumentando sus gracias, porque al tiene mucho más se le dará, pero al que tiene poco se le quitará hasta lo que cree tener.

Es evidente que la gran inspiración del Espíritu a Madre Clara María es la fundación de las Carmelitas de San José, pero a nivel más personal la podemos descubrir como una mujer llena del Espíritu. Los Fundadores de Institutos Religiosos fueron y son hombres y mujeres llenos del Espíritu.

Releyendo, desde esta perspectiva, a las biógrafas primeras de Madre Clara María, nos hablan de los frutos del Espíritu, como de las virtudes que adornaron la vida de la Sierva de Dios, pero nosotros sabemos por experiencia que “Sin Cristo no podemos dar frutos” (sinne me nihil potestis facere). El salmo 85 lo afirma claramente cuando dice: “El Señor dará la  lluvia y nuestra tierra dará sus frutos”.

Sin duda los frutos del Espíritu suponen como base una vida entera de mortificación. No se suele hablar de la vida ascética de Madre Clara María, como tampoco se hace de su vida mística, pero su actitud de abnegación hemos de suponerla cuando contemplamos sus frutos ubérrimos, porque el árbol malo no puede producir frutos buenos.

Flor-61

Entre las actitudes que Madre Genoveva del Buen Pastor y Madre Magdalena del Sagrado Corazón recuerdan de forma especial en Madre Clara destacan su caridad universal, lo mismo ayuda a hombres y mujeres, a niños en peligro moral de corrupción y a  niñas, a justos y pecadores, todos tienen cabida en su inmenso corazón de madre, también se resalta su alegría o gozo espiritual que no es la alegría superficial de las personas, sino el saber en su interior que en esperanza está salvada. El perfecto amor excluye todo temor, siempre hemos reparado con admiración en su actitud ante la muerte. Después de un ataque al corazón les dice a sus hermanas: ¿por qué no me dejaron ir? Y cuando ya enferma seguía trabajando le decían sus hermanas: ¡Madre, descanse!, solía responder con naturalidad: mi descanso será en el cielo.

Dirá Madre Genoveva del Buen Pastor, refiriéndose a las primeras Carmelitas de San José que eran verdaderas maestras de virtudes, yo simplemente diría que estando tan próximas a la Fundadora y al big bang fundacional constituían un grupo de mujeres abiertas al Espíritu. Al escrito de Madre Genoveva yo le llamo las verdaderas florecillas de Madre Clara, en recuerdo de Tomás Celano primer biógrafo de San Francisco de Asís.

Sus disposiciones espirituales, frutos y virtudes, nos dirá Madre Magdalena Barreto, hacen a Madre Clara María una de esas personas que atraen: “El orden, la alegría, la sinceridad y franqueza, el buen trato y la sensibilidad….”.

“…Era muy humilde y sencilla y amante de la vida fraterna…”

“Trabajaba día y noche y no por eso dejaba sus prácticas de piedad, que era el pan que la robustecía y la sostenía.”

Continúa Madre Magdalena: “De ahí, el género de vida que abrazó, sobrio, austero, y espíritu de servicio incondicionalmente…..”

Sin embargo, el fruto del Espíritu que más llama la atención en Madre Clarita es su tremendo equilibrio personal, la armonía entre su vida individual y su vida comunitaria, la madurez con que asume su pasado, la confianza en Dios con que mira al futuro, en una palabra el realismo y la ponderación que manifiesta en su vida entera.

Dominio de sí misma, bondad, generosidad, mansedumbre, de todos esos frutos del Espíritu podemos hallar ejemplo en su vida, pero exceden los estrechos límites de éstas líneas.

 

ROBERTO BOLAÑOS AGUILAR.