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Decargas – Libros en PDF

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A la misma Señora

A la misma Señora

A la misma Señora

A la misma señora

Comentario

Sería muy interesante saber la fecha de composición de esta serie de tres poesías dedicadas a Santísima Virgen del Carmen, pues parecen escritas en una sucesión temporal debido al título de este segundo Poema: A LA MISMA SEÑORA, luego también es dedicado por la Sierva de Dios a Nuestra Señora del Carmen.  Recordamos, entonces, la Segunda Carta del Apóstol San Juan, escrita para la SEÑORA ELEGIDA, es decir para una iglesia particular del Asia Menor; la Virgen María es figura de la Iglesia.

El poema presenta una división en tres partes: la primera, nos habla de lo que vamos a llamar las glorias de María. En forma litánica describe el misterio y las glorias de la Virgen, en realidad se trata de unas nuevas letanías a María. La segunda, nos habla de las terribles consecuencias del pecado original originante y originado y del privilegio de la Inmaculada Concepción, ese misterio que más adelante Madre Clara se comprometería públicamente a defender,  y; la tercera parte en que presenta sus peticiones al Señor, pero confiando en la mediación mariana.

1)            Hemos dicho que en la primera parte se ofrecen una forma de letanías que expresan, en su contenido, algunos aspectos del misterio mariano. Comienza dejando en claro la dedicatoria a la Virgen María que Señora del cielo y de la tierra, pero, además, es madre tierna y consuelo en las penas, precisamente por Madre.

Reina de Tierra y Cielo;

Vuestros hijos, tierna Madre,

Os aclaman su consuelo,

Y os saludan ¡Dios os salve! 

b)  Madre Clara María quiere presentarnos a la Virgen María como Señora del Cielo y la Tierra, este señorío no se extiende sólo a las criaturas terrenas, o a los elementos de la naturaleza, sino también a la creación espiritual de Dios.

Comienza por decir que María es la Señora de los Ángeles y de los Arcángeles, así como de los Serafines:

Sois del empíreo celeste

El esplendente arrebol

Vuestro calzado es la luna

Vuestros vestidos el sol.[1]

¡Ardor de los Serafines!

De los Querubes modelo,

Asombro de los Arcángeles

¡De los ángeles espejo!

Pero no sólo es Señora de la creación espiritual angélica sino también terror de los Demonios, según postulaba la Mariología tradicional, María es la vencedora del horror del averno debido a su concepción inmaculada.

En los abismos profundos,

Sois del averno el horror,

De los demonios destierro

Y de Satán el terror.

María es también Señora de la Iglesia, tanto triunfante como peregrinante; es la más destacada entre sus miembros: 

En el cielo de la Iglesia (sois)

De sus astros esplendor,

De sus estrellas el brillo,

De sus luceros fulgor.

En las brumas que la aquejan (a la Iglesia),

Destello del mismo Dios,

Iris que anuncia las paces,

Nítido y plácido albor. 

2)              La segunda parte nos habla del misterio de María como Inmaculada Concepción. En el sentido platónico la idea en Dios acerca de María es eterna y ahí surge como “Llena de Gracia” o sea totalmente agraciada en la presencia del Señor. Las ideas en Dios son eternas e inmutables, de esa condición goza la idea sobre la Virgen es anterior “antes que criara los cielos, antes que hiciera el infierno

La obra de la Virgen María es transformar el veneno del pecado en inocua triaca y dándonos a su Hijo nos permitió volver al paraíso.

Con un Fruto Bienhadado

Volvéis el perdido Reino.

3)            Después, Madre Clara María, de haber proclamado a la Virgen María Señora de la Tierra y el Cielo y tierna Madre de la humanidad, recurre a su poderosa intercesión invocando su protección, compara la protección de la Virgen con la llegada de la primavera tras un crudo invierno y pide a María que restaure el primitivo fervor de la Orden del Carmen que presiente. 

Luzca ya la primavera,

Que con ansiedad espero;

Rehabilita los graneros

De vuestra Orden prodigiosa,

Que ya percibo senderos.

Promete, Madre Clarita, a María flores de jardines que ella cultivará con esmero y sus flores serán, en cuanto a belleza y aroma, como las rosas del Carmelo.

El tiempo de su composición, posiblemente sea durante su noviciado como terciaría carmelita, y le pide ayuda a la Virgen para poder consagrarse a sus templos, a su cuidado, al culto divino que tanto le gustaba. Recordemos que para ella el templo, probablemente piense en la Parroquia de la Inmaculada antigua, es un lugar dónde se encuentra muy a gusto:

¡Al pie de tus altares yo respiro!

Y siento reanimarse mi existencia…;[2]

Implora a María su ayuda en la consecución de sus metas, ella quiere ser totalmente de Dios. Para obtener la ayuda de la Virgen le recuerda un suceso de la vida de Jesús en el que destacan la humildad y la fe, me refiero a la plegaria de petición de una madre cananea que le pide la curación de su hijo; el Señor le responde desconcertantemente que no está bien darle el pan de los hijos a los perritos. La buena mujer le replica con astucia: pero los perritos también se alimentan de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

 Esta respuesta sorprende gratamente a Jesús que hace una alabanza de la fe madre cananea, a la vez que censura discretamente a los judíos.

 Madre Clara María, ofrece a la Virgen sus anhelos: ser esclava de la Esclava y lograr su profundo deseo, anhelo, de consagrarse al servicio de sus templos.

Roberto Bolaños Aguilar. CssR

Flor-61


[1]     Madre Clarita imagina a la Virgen con la iconografía tradicional de la Inmaculada Concepción, con la luna a sus pies y vestida del sol, como es además descrita en el Apocalipsis.

[2]  Madre Clara María Quirós,  A la Santísima Virgen en sus Dolores, Versos 6 y 7.