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Oración - Para la devoción privada:

Meditación 16

Madre Clara María Quirós

y  el Espíritu del Carmelo.

El 12 de agosto de 1857, una inmensa alegría llenó el hogar de los jóvenes esposos Don Daniel Quirós Escolán y Doña Carmen López.  Esa era fecha que había escogido la Divina Providencia para que viera por primera vez la luz de este mundo su hija primogénita.

En la pila bautismal escogieron para ella los nombres de CLARA DEL CARMEN:   Clara, brillante, ilustre, porque el día de su nacimiento en la Iglesia se celebraba la memoria de Santa Clara, el Lirio de Asís, y Carmen. Altura hermosa,  por su madre, pero sobre todo por la Santísima Virgen del Carmen, a quien su familia tenía especial devoción.

El llamar a la pequeña recién nacida con el dulcísimo nombre de la Virgen María del Monte Carmelo, podría parecer un hecho poco menos que fortuito, los padres siempre tratan de imponer lindos nombres a sus hijos;  en este caso, sin embargo,  el genitivo  “del Carmen”, propiedad de la Virgen del Carmen, vendría a marcar hondamente, de un modo singular, el itinerario espiritual de Clara del Carmen, de tal manera que la pequeña recién nacida estaba llamada a ser y vivir totalmente en clave carmelitana.

Algunos acontecimientos en la vida de las personas, son de tal trascendencia para el futuro de su vida cristiana, que, con razón, puede llamarse su conversión, aunque de hecho hayan llevado una buena vida cristiana y puedan ser definidas como personas virtuosas.  En este sentido podemos afirmar que en la vida de Madre Clara María se da un fuerte momento de conversión cuando en febrero de 1885 es abandonada por su esposo con cinco hijos y uno en camino.  En mayo,  aun más, pierde a su pequeña hija María Francisca Mercedes, de tan sólo cuatro años.

¿Adónde buscar refugio? ¿Adónde consuelo? Por  supuesto abandonándose confiadamente en los brazos de Dios, pero, también, amparándose en el amor maternal de la Santísima Virgen María.  Primero se inscribió en la Hermandad de Nuestra Señora de Los Dolores, a quien en uno de sus poemas, escrito posteriormente dirá: ¡Quiero llorar, pero llorar contigo!

Y es que Madre Clarita, de la mano de María llegará a Jesús.  Posteriormente se inscribirá en la Guardia de Honor del Santísimo Sacramento y será la eternamente enamorada del Divino Prisionero.

El momento decisivo, sin embargo, en la vida de Madre Clara María de Jesús llegará cuando el 16 de julio de 1879, se inscriba en la Hermandad de Nuestra Señora del  Monte Carmelo, cuyo Hermano Mayor era el devotísimo Don León Castillo.  Momento decisivo lo llamo porque a partir de entonces la vivencia espiritual de la Sierva de Dios será definida por las coordenadas de la espiritualidad carmelitana.

¿En qué fuentes bebe Madre Clara las aguas del espíritu del Carmelo?  Naturalmente que en las más  puras y transparentes.  Alguno de sus biógrafos nos la presenta, cuando aún era casada, y se santificaba como esposa y madre de familia, aprovechando las horas de la noche, cuando los niños dormían,  para leer los escritos de Santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz y otros escritores de la escuela carmelitana.  Después vendrían las horas de meditación sobre lo leído y el proceso de asimilación intelectual y vital.  Acaso consultaría con el Padre López Peña o alguno de sus directores espirituales los puntos difíciles de entender en los escritos de los Reformadores de la Orden del Carmen.

Para lo concreto, lo cotidiano, estaba también el  Manual de la Tercera Orden del Monte Carmelo, que señalaba las obligaciones y las actividades devocionales de un terciario carmelita.  La vida de Madre Clara María se iba configurando con las actitudes esenciales del espíritu del Carmelo.

Pero su fuente más importante de conocimiento  de la espiritualidad carmelitana era la oración rendida a los pies de la Virgen del Carmen:

Yo, te suplico rendida,

Que me deis el gran consuelo,

De consagrarme, aunque indigna,

Al servicio de vuestros templos.

Si el pan que se le da a los hijos,

No se les arroja a los perros,

Vos sabéis que éstos viven

Del desperdicio de aquellos.

¡Quién me diera ser, Señora,

vuestra esclava en este suelo!

Y en premio de mis afanes,

¡¡ver realizado mi anhelo!!

Su identificación con lo carmelitano es tan fuerte y vital que su mismo proyecto de fundación de un nuevo instituto religioso no puede sino nacer de su amor a nuestra Señora del Carmen e inspirarse en la vida de las Carmelitas, sobre todo de los conventos de la Madre Santa Teresa de Jesús…

Es cierto que la espiritualidad carmelitana es muy compleja, pero también es cierto que Madre Clara María de Jesús la asimiló de una manera asombrosa, porque sólo así sería capaz de transmitirla a las generaciones de Carmelitas de San José que vendrían detrás de ella y que la tendrían como el modelo de vida y espiritualidad que corresponde al fundador o fundadora de una  Congregación Religiosa.

Todos conocemos los relatos históricos y legendarios acerca de los orígenes de la Venerable Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y, por supuesto, tenemos noticia de aquellos elementos que ayudaron a configurarla como un camino de santidad y de evangelización válido en la Iglesia Católica.  El primer elemento es la centralidad de Cristo en la vida de un carmelita;  el segundo, la dimensión fuertemente contemplativa que supone; y, el tercero, aunque no el menos importante, el amor filial intenso a la Santísima Virgen María.

Los tres elementos están marcadamente presentes en la vida de Madre Clarita y, además, íntegramente transmitidos a sus hijas las Carmelitas de San José.

La Vida Consagrada, como seguimiento de Cristo, sumamente amado, es un elemento esencial en la figura histórica de Madre Clara María.  Su vida y su obra no se puede entender si no las contemplamos  desde la centralidad de Cristo que la llama a seguirlo en la dimensión de la cruz.

La vivencia cristiana de Madre Clarita expresa el cristocentrismo del que venimos hablando en la exigencia radical de la observancia de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia.  Son muchos los recuerdos que a este respecto se conservan entre las Carmelitas de San José sobre la santa intransigencia de la Sierva de Dios en cuanto a todo aquello que pudiera ir en relajación  de la consagración religiosa hecha por la profesión de los consejos evangélicos.  De hecho, una de sus frases más hermosas,  dicha poco antes de su muerte, se refieren a la fidelidad a la Consagración religiosa: Yo desde el cielo las ayudaré, pero si guardan el espíritu de sencillez y pobreza que les dejo.

Madre Clarita, como casi todos los santos,  descubría a Cristo en el Sacramento de la Divina Eucaristía y por ello la Santa Misa y la oración ante el Santísimo Sacramento ocuparon el lugar central en su vida diaria.

La Orden del Carmen tuvo su origen en un grupo de hombres que viajaron a Palestina en el tiempo de las Cruzadas, y encontraron en el Monte Carmelo,  y sus bíblicas remembranzas del Profeta Elías, el lugar ideal para iniciar una experiencia de un vida apartada del “mundanal ruido”, dedicados totalmente a la oración, a la penitencia y a la soledad.

Debido a ello, la dimensión contemplativa es esencial al espíritu del Carmelo, y por eso los y las Carmelitas han sido a lo largo de muchos siglos los maestros de oración por excelencia en la Iglesia.

Madre Clara María también logró captar la esencialidad de la dimensión contemplativa del  espíritu del Carmelo y, no sólo ella misma aparece como una gran orante, sino que quieren que sus Carmelitas de San José conserven fuertemente arraigada esta dimensión de la espiritualidad carmelitana, a pesar de que las quiere religiosas de vida activa, apostólicas, al servicio de los más pobres.

Un texto clásico de la espiritualidad salvadoreña, junto a aquellos hermosísimos de nuestra Ana Guerra de Jesús, recogidos por el P. Antonio de Siria, podríamos llamar a este texto que Madre Clarita escribió en su “Reglamento de 1915”, al que el Padre Alberto Barrios Moneo llama las “Pequeñas Constituciones”.

Fuera de la recreación las hermanas guardarán un estricto silencio…  para poder estar así, aun en medio de las forzosas ocupaciones, más íntimamente unidas a Dios, cuyo objeto principal es el que las ha reunido, y poder así en el silencio del alma hablar con aquel Señor que dijo: “Yo la llevaré a la soledad y allí le hablaré al corazón.  Y porque el alma bulliciosa siempre andará turbada y no podrá en ningún modo recibir los suaves y amorosos silbos del Amado Pastor que puesta sobre los hombros la sacó del bullicio del mundo, trayéndola a su casa, donde quiere y exige que cada esposa suya sea como un huerto cerrado, un  precioso jardín y un ameno paraíso donde poder recrearse y descansar con ella;  se pondrá mucho esmero en este tan saludable ejercicio de la virtud del silencio.

El alma silenciosa tiene su conversación en los cielos, con los ángeles y santos, convirtiendo de modo prodigioso todas las faenas del día, y aun el descanso de la noche, en una muy alta, subida y constante oración…

El apartamiento del mundo, que es propio de la Vida Religiosa, era tan riguroso en los primeros tiempos de las Carmelitas de San José, que Madre Genoveva del Buen Pastor, llega a decir que al principio la Congregación era de  “semi-clausura”.   El realidad, el ideal contemplativo de los institutos de vida activa  se expresaba en el aforismo de que el religioso no ha de ser  sólo Marta o sólo María, sino Marta y María.   O como quería San Alfonso María de Ligorio para los Redentoristas: seis meses apóstoles en las misiones y seis meses monjes en casa.

En la cima del Monte Carmelo, muy cerca de la llamada fuente del Profeta Elías, los primeros carmelitas construyeron una sencilla ermita que dedicaron a la Virgen María.  De allí surgió una nueva advocación mariana: la de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Y es que en el espíritu carmelitano la Santísima Virgen María ocupa un lugar principalísimo, pues el Carmelita y la Carmelita son consagrados a la Virgen María.

La espiritualidad del Carmelo, ya lo hemos dicho es Cristocéntrica, pero precisamente por eso es también mariocéntrica.  Existe una innegable y riquísima vertiente mariana en los carmelitas; Madre Clarita, recogió su propia experiencia y la espiritualidad mariana del Carmelo y la trasvasa a su Congregación.  Ermanno Ancillo, escribe lo siguiente acerca de la devoción mariana en la  Orden Carmelita:

En el Carmelo la Virgen es considerada no sólo como objeto de culto y de un apostolado específico, sino como ejemplo y camino para alcanzar la unión y la intimidad más profunda con Dios.  El misterio interior de María, por la fidelidad a la Divina Palabra por la acción del Espíritu Santo, encarna admirablemente el ideal de la Orden en lo que tiene de esencial y sublime…  La devoción carmelitana a la Virgen, como realidad vivida, se manifiesta en mil gestos de afecto y respeto devoto, en un testimonio de confianza ilimitada y, sobre todo, en el esfuerzo por copiar sus rasgos espirituales, participar en sus sentimientos de amor y de entrega al servicio de Dios y los hermanos. La imitación de María para el Carmelita no se limita a un aspecto o momento de su vida, sino que tiene como objeto principal su actitud interior de adoración ininterrumpida del Verbo.  Viviendo en la intimidad con María y contemplando sus virtudes, el alma se vuelve cada vez más recogida en Dios, más despegada del mundo y sus vanidades, más contemplativa.”

Nuestra Señora del Carmen fue uno de los grandes amores de Madre Clara María, a su sombra fue madurando como cristiana, bajo su enseña se lanza a la aventura de ser Fundadora de una Congregación Religiosa, que encomienda a sus amorosos cuidados, y vestida con su librea, como esposa del Rey, transcurren los últimos años de su vida.

Una pequeña parte de la espiritualidad mariana de la Sierva de Dios, quedó recogida en la forma de sencillos versos, hermosos, profundos, nacido de lo más hondo de su amor a la Madre de Dios y Madre nuestra.

A María le complace mucho que amemos y honremos a su Esposos San José.  Al menos desde Santa Teresa de Jesús, la espiritualidad carmelitana tiene un pequeño venero de espiritualidad josefina: “Quisiera que todos fueran devotos de este gran santo”, escribió,  y Madre Clarita lo fue, no sólo porque puso bajo el Patrocinio del Esposo de la Santísima Virgen María, sino porque en su vida siempre estuvo de manifiesto su amor filial y su confianza en Nuestro Padre y Señor San José.

A lo mejor, la síntesis perfecta de todo lo que hemos querido decir, la escuchamos hace unos días, cuando un profesor del Colegio San Agustín de Mejicanos, dijo que la mayor obra de Madre Clara María de Jesús había sido “salvadoreñizar el espíritu del Carmelo.” 

Roberto Bolaños Aguilar

 

 

2 respuestas a Meditación 16

  • Como bien lo dijo nuestra amada Clarita: …En el silencio podemos siempre encontrar una certera conversación con Jesús… Y cada meditación de las manos e inspiración escrita por parte del padre Roberto, es una bendición en nuestros tiempos.

    Dios derrame mucha salud y sabiduría al Padre Roberto para que podamos seguir compartiendo cada meditación de nuestra futura Santa camino a los altares.

  • Madre Clarita nos enseña que en el silencio y en la humildad podemos platicar con Jesús y poco a poco se irán abriendo las puertas de nuestro corazón para servir y amar a los demás.

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